31 de julio de 2013

Narciso



El enamorado de sí se mira en el agua y se admira, como lo cuenta el mito de Narciso. Pretende en los otros sus propios rasgos, sus propias carencias. No desea a alguien, sino lo que esa persona posee de él. Se trata de un amor ya consumado, falaz.
El enamorado, en cambio, mira en el agua buscando un nombre, un olor, el trazo de alguna fisonomía desconocida. Para los amantes, no hay ofertorio del reflejo: el agua es siempre removida.

-Texto y Fotografía, Daniela De Angelis-

Mayo 2013

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