8 de octubre de 2013

Aire




Caminan de la mano. Ella lo arrastra, como se arrastra a las bolsas que pesan. De vez en cuando él la admira. Una hilera de gente les corta el recorrido. El amontonamiento la puso del otro lado, junto con los que gritan y putean. El olor a fritanga le arranca el perfume. Las bocas se abren como un aljibe lleno y hay chicos que aletean y ríen. Un peladero humano, un llenarse de humo y enchive. Las bocinas chillan para perforar la hilera; un automóvil queda atrapado entre la esquina y las líneas peatonales, pero la barbarie lo esquiva y sigue. Siente que le respiran cerca; hasta les sabe el aliento. Se abre paso como puede y sube a un taxi;  lo arroja dentro. Él se arrodilla para asomarse por la ventanilla y tragarse todo el aire, pero ella le cierra los vidrios. Lo viciado quede afuera.

-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Polo Zoya-

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