1 de octubre de 2013

Estaciones





Témperley es estación madre y hay que ser casi brujo para adivinar en cuál de los seis puentes estará el destino al que uno pretende llegar. El tren que terminará en Korn se llenó a eso de las nueve. En uno de los vagones una madre desteta a su hijo mientras dos chicas se acarician y besan. Un muchacho lee a Foucault. Algunas de las ventanillas permanecen abiertas durante todo el año; otras, sin trabas, apenas pueden abrirse. A veces se colocan latas de gaseosas vacías que sirven como tope. Adrogué. Burzaco. Longchamps. Glew. Sube un viejo; tambalea y tiene arcadas. El olor a vino lo delata y vomita en el pasillo. El pobre diablo masculla algo, abre su bragueta y agita una pija arrugada. Mientras intenta bajar, ríe. La gente lo evita, pero nadie deja de mirar. El muchacho y Foucault, en siete minutos, llegarán a destino.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Mariano Chamale-

2 comentarios:

  1. La mirada pareciera predestinada.

    Aplausos.

    ResponderEliminar
  2. Aquello que no duerme, lo que pica.
    Gracias, Patricio.

    ResponderEliminar

Por esta travesía, Gracias.