6 de octubre de 2013

ELLOS






Hace casi treinta años que la cuido. Cada noche repaso minuciosamente los detalles de su ropa, lo que vestirá al otro día; los zapatitos que llevará puestos, las cintas del cabello indócil que heredó. Hace un tiempo alguien intentó besarla y entonces, le dejé marcas en la cara. Ella no dijo nada. Nada. Me asusta su silencio, su falta de consideración, ese callar que agota. Creo que no le importa si estoy viva o muerta; ni siquiera se interesa por mis cosas. Una vez le pregunté si me quería, si de veras me quería, pero no me contestó. Me miraba sin parpadeo con esas pestañas de actriz que siempre exhibe, con esos ojos de muñeca impávida. Me vengué pintándole en los labios una mueca horrible, como de muerte o pozo, pero enseguida me arrepentí y la llené de cremas y disculpas. Hoy volveré a preguntarle si me quiere, si me extraña, mientras no ceso de mirar ahora desde esta repisa apestada de mugre, cómo se desnuda frente a él y se tocan y se tragan.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Hans Bellmen-

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por esta travesía, Gracias.