15 de octubre de 2013

Silencio




Dos o tres perros se amparan del sol. La siesta es un imperio demasiado chico y angosto. En el pueblo no hay más sombra que el silencio. Hay que estarse de rodillas, dice el cura. También dice que el pecado se paga y que la inocencia es un milagro. La ofrenda se engulle, no se escupe, repite una y otra vez. Sabe de viejo nomás y se agita cuando José chilla, cuando llorando le pide que no haya más ni santo ni estampita ni dios que lo salven y exorcicen.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Hans Bellmer-

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