28 de noviembre de 2013

Veo




Veo, a través de la ventana, cómo cae una camisa azul desde algún balcón más alto de los edificios de enfrente. Queda allí, espinándose entre el lapacho florecido, enramada. Ahora pantalones; tres o cuatro remeras y más camisas. Imposible contar con exactitud cuántas prendas caen ni quién las arroja. Sólo puede verse una mano, su gesto tartamudo. Las zapatillas se desparraman entre el cordón y el charco de agua estancado desde la mañana. El cuerpo vacío de esas vestiduras se parece al de un hombre joven. La gente levanta la vista por unos segundos sin detenerse. No se escuchan gritos ni llantos. Ninguna voz ni juegos infantiles. Algo parecido a la tristeza o el amor se desliza por la calle. Luego se vacía y repta.

-Texto, Daniela De Angelis -

16 de noviembre de 2013

Madriguera




Me arrancó los pelos mientras se los llevaba a la boca. Los engullía como caramelos o bombones, un mechón tras otro. Después me lavó la cara y delineó dos círculos en los ojos. Los sentía pegajosos. Con una piedra negra me estiró la sonrisa, pero quedó rayada y plana. Me coronó con un sombrero y se vistió con el traje del finado, con el olor de sus arcadas, la mugre entre las uñas. Creo que lo escupí y que chillé. Me escondí entre los zócalos que faltan, como una comadreja. Él lo niega, dice que estoy loca. Quién sabe.



-Texto, Daniela De Angelis-

15 de noviembre de 2013

Noctámbulos





Esa noche no dejé que me mirara ni que mordiera ni que hablara. No podía ver más que sus pies. Desde ahí empecé a notarlo chiquito y escuálido, como esas cucarachas que se alimentan con papel o con el aire, como si les faltara color por lo que no engullen o lo que son. Lo vi tal como era. Y tuve miedo. Lo aplasté sobre la alfombra. Quedó pegado al piso. La mugre, el pegoteo. Lo que queda.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía,  Edward Steichen-