28 de noviembre de 2013

Veo




Veo, a través de la ventana, cómo cae una camisa azul desde algún balcón más alto de los edificios de enfrente. Queda allí, espinándose entre el lapacho florecido, enramada. Ahora pantalones; tres o cuatro remeras y más camisas. Imposible contar con exactitud cuántas prendas caen ni quién las arroja. Sólo puede verse una mano, su gesto tartamudo. Las zapatillas se desparraman entre el cordón y el charco de agua estancado desde la mañana. El cuerpo vacío de esas vestiduras se parece al de un hombre joven. La gente levanta la vista por unos segundos sin detenerse. No se escuchan gritos ni llantos. Ninguna voz ni juegos infantiles. Algo parecido a la tristeza o el amor se desliza por la calle. Luego se vacía y repta.

-Texto, Daniela De Angelis -

2 comentarios:

  1. BRILLANTE. NADA MAS PARA AGREGAR.

    ResponderEliminar
  2. A veces la opacidad es la mejor valía del lenguaje. Gracias por tu aliento!

    ResponderEliminar

Por esta travesía, Gracias.