4 de noviembre de 2013

Huecos




La última vez que hablé con mi padre, dos semanas antes de su muerte, me enteré de la enfermedad que padecía. La mala sangre, decía él, eso negro que avanza y que empesta desde adentro. Cerré la boca, como el nudo que se hace en el extremo de las sábanas para encajar bien en el colchón. Esa misma noche, después de la cena, conversamos con mi hijo sobre el nido que algún pájaro había hecho en la medianera del patio. Lo íntimo entre el ramaje y la casa. Los huecos, el aire.

-Texto, Daniela DeAngelis / Fotografía,  Roberto Pireddu-

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