15 de noviembre de 2013

Noctámbulos





Esa noche no dejé que me mirara ni que mordiera ni que hablara. No podía ver más que sus pies. Desde ahí empecé a notarlo chiquito y escuálido, como esas cucarachas que se alimentan con papel o con el aire, como si les faltara color por lo que no engullen o lo que son. Lo vi tal como era. Y tuve miedo. Lo aplasté sobre la alfombra. Quedó pegado al piso. La mugre, el pegoteo. Lo que queda.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía,  Edward Steichen-

2 comentarios:

  1. Se ha escrito mucho, pero hasta ahora no había leído a alguien (una mujer) que descifrara mejor el lenguajede sí y los laberintos femeninos sin transgredir la frontera entre vulgaridad-erotismo. Una joyita.
    Santiago Peña, latinoamericano ya hospedado en tu blog.

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  2. Gracias, Santiago! No se me ocurriría la presentación de estos textos exaltando a ciertos paraísos ni bajo el efecto vulgar de la histeria que requiere la representación de la puta entre las putas.

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Por esta travesía, Gracias.