Memento Illam Vixisse...

Inquietar - Libros -para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

19 de agosto de 2014

Caleidoscopio

VISTA

Despierto con la boca seca. Voy hacia el balcón con una botella de agua helada. Las gotas se condensan, resbalan sobre el vidrio y caen sobre mi bombacha. El calor las seca; sin embargo una marca permanece sobre la tela; algo así como un roce o una caricia. Las luces de la calle están escondidas entre el ramaje de los lapachos. Una pareja de hombres jóvenes se detiene frente a la puerta de un bar cerrado. No sé cuánto tiempo pasa; siguen de pie, abrazados en el lugar, indiferentes a las bocinas que algunos automovilistas hacen sonar. Amanece. Antes de alejarse, uno de ellos lleva a su boca la mano del compañero y la besa. Ese único gesto, ya pasado de moda y dual, me retiene en el balcón hasta que desaparecen. El ojo se vuelve omnívoro.

OÍDO 

Ayer por la noche, película trivial. Una niña a punto de transformarse en adolescente y un sicario que la adopta. En una de las escenas los protagonistas juegan. El hombre se transforma en niño, arroja agua a la chica, se vuelve torpe; ambos corren por la casa y la desordenan. Ella se disfraza de mujer; gesticula, baila y ríe con sensualidad. Pienso que lo erótico de la escenografía radica en los silencios, en el grifo abierto de la ducha. Los sonidos de lo cotidiano, el diálogo mudo, la ausencia de artificios.


TACTO
Tarde aburrida. Breve salida para hacer las compras. Una mujer joven está parada frente a mí en una tienda. Viste un uniforme azul y lleva el cabello recogido con una cinta. Los aros, la cartera, el color de las uñas: nada descuidado en ella, ningún detalle fuera de lugar. La mujer se acerca a uno de los estantes del negocio y se inclina hacia un costado. Los pezones rozan la camisa y se dibujan en la seda; dos círculos pequeños, más oscuros que la piel. Como una boca, como el mar en la noche, como un beso.


GUSTO 
Cada vez que me besaba, su lengua dejaba en la mía restos de caracolas y cardúmenes, anclas repletas de corales, brújulas de antiguos navíos, escapularios. Una tarde lo ví internándose en el agua. Se había quitado la ropa en silencio, frente al mar. Antes nos habíamos acostado en la arena, boca arriba, cerrando bien los ojos para hacer aparecer y flotar esas pequeñas esferas verdes y azules, esos hilos desordenados que el cerebro -y no el sol ni las pupilas- inventa. Esa tarde me habló de su infancia, del color de las algas, de una casa hecha de medusas y rémoras que una vez conoció. Después lamió mis piernas, los muslos, la boca. Me dijo que el sabor del mar se parece al de un cuerpo desnudo.

OLFATO

El olfato es un puente para el recuerdo o para el goce. Oler el cuerpo deseado permite reconocerlo entre una multitud de esencias. Cada piel tiene un perfume diferente, singular. Cierro los ojos y recuerdo la primera vez que A. se masturbó frente a mí. Teníamos quince años y éramos noviecitos. Fue durante la siesta; estábamos en la plaza del pueblo recostados junto a un árbol, besándonos. A. bajó el cierre de su pantalón y llevó mi mano a su sexo. Era verano y el lugar estaba desierto. Todo se intensificaba con el calor y los besos: el movimiento de la mano, arriba y abajo, más apretado y más húmedo. No fue el tacto de la piel ni las palabras de amor ni el secreto compartido. Casi treinta años después aún evoco ese instante en el que A. ofrendó a mi mano un líquido tibio y pegajoso, un olor dulce y joven. El recuerdo de la piel puede ser un aroma.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía,  Annie Leibovitz-


Publicado en http://elrefugiodelaspalabras.wordpress.com/

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