24 de agosto de 2014

Lo que ocurre



El mediador contratado por la inmobiliaria avanzó hacia el exterior. Antes debió atravesar dos puertas y la escalera situada frente al departamento que alquilaban -desde hacía ya muchos años- los Martínez; un matrimonio de jubilados cuya única distracción consistía en presentar y acumular quejas contra el resto de los vecinos. Ese día conoció a la inquilina del tercero, en el patio interno del edificio. Se presentó como Luisa y olía a jabón de tocador, a lavanda fresca. El exceso de maquillaje dejaba al descubierto una piel diferente, como una muñeca rota a la que encastran otra cabeza. Ella le habló de su trabajo como actriz, del olor a musgo trepando por las cañerías; de los ruidos que la mantenían insomne; de los malvones secos en pleno julio. Le mostró el nido de ratas en un hueco del patio; los picos semiabiertos de las palomas muertas; la ropa deshilachada de su último amante; los huesos.
-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Lauren Semivan-

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