Memento Illam Vixisse...

Inquietar - Libros -para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

3 de agosto de 2014

Pablo

 A P. D., por su militancia y mi aprendizaje.

-Hay que poner el cuerpo en la palabra -dijo Pablo mientras leía en voz alta. 
Siempre supimos que nuestros encuentros no eran casuales, pero sí necesarios. Conocíamos de memoria la rutina de nuestros recorridos; el banco  de la plaza que permanecía libre como esperándonos durante las siestas del pueblo; los posibles imprevistos. Nos contábamos todo y mentíamos para que las penitencias por las tardanzas en casa o en la escuela fueran menos severas. Juntos nos inscribimos en un curso de fotografía que no pudimos terminar. Pablo y yo teníamos diferentes miradas sobre los ismos de la historia, pero eso no nos impedía sentirnos hermanados en las lecturas y la música, la militancia y los silencios. Una tarde robamos un libro de la escuela y escapamos en la bicicleta negra que habíamos apoyado contra las rejas de la entrada. Era una antología de Hölderlin que aún conservo.
-Hay que poner el cuerpo en la palabra- dijo Pablo mientras leía en voz alta y me miraba. Después cerró el libro y me lo regaló.
El término del secundario, el comienzo de la facultad y los tiempos de violencia fueron decisivos para dilatar nuestros encuentros; nos volvimos más cautos y cuidadosos. Yo había comenzado Letras y él, Medicina. Cuando se recibió vino a verme al departamento que yo alquilaba en Rosario. Esa noche no discutimos por el Che ni por Perón. Un mes más tarde, junto a mi familia, nos instalamos en Los Surgentes, un lugar chico de Córdoba donde el hambre y la miseria podían más que la curiosidad por las caras nuevas que llegaban. No volví a saber de Pablo ni los suyos. 
Casi veinte años después, una mujer se presentó como su antigua compañera y me escribió. El relato decía que no pudo convencerlo; que Pablo no hizo caso; que él no tenía miedo. Que el cuerpo y la palabra.


-Texto, Daniela De Angelis-


3 comentarios:

  1. Gracias, Até. Bien sabés cuánto valoro que me acompañes y me motives tanto. Hubo antes el silencio en la escritura. Ya no.

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  2. No siempre es fácil cumplir con la palabra empeñada y, por alguna razón, la sociedad tiene a creer que aquellos que lo logran son, al contrario de lo que cabría esperarse, locos y desquiciados por no saber cuándo rendirse.
    Pero, ¿por qué hay que rendirse?

    Saludos

    J.

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  3. Ciertamente, José, la rendición, una clausura. Eso que agosta. Gracias, una vez más, por tus lecturas y tu paso por estas texturas. Mis Saludos

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Por esta travesía, Gracias.