Memento Illam Vixisse...

Inquietar - Libros -para descargar gratis-

Desde este Blog es posible descargar gratis algunos libros desde mi cuenta personal en academia.edu. Estoy haciéndolo con las propias limitaciones que los tiempos personales imponen. Les pido paciencia. Para encontrar aquellos que ya he subido, dejo aquí el enlace:

https://independent.academia.edu/RayuelaSincielo/Books

29 de septiembre de 2014

Vejez





Me miraba de reojo. Cada vez que nos encontrábamos a solas en el ascensor, hacía ruidos con la lengua; sonidos intermitentes que me exasperaban, que me hacían tomar conciencia de los propios pensamientos. Quería matarla; necesitaba estrangularla contra el espejo o la puerta;  sentir su boca abierta sin el aire, los ojos desencajados, las naranjas rodando sobre el piso de madera con ruido sordo y seco. Me miraba de reojo, las uñas empastadas por el polvo y la basura, las arrugas en la cara y en el pubis, el cuello flácido y grasoso. Quería que desapareciera, que reventara como un globo, que la muerte la encontrara entre esas telas sucias. No me acostumbro a estos olores, a la decadencia de la carne. Me repugnan los gestos desvalidos, la impudicia: mi vejez. 
-Texto, Daniela De Angelis / Imagen,  Raciti Agatino-

Encuentro


28 de septiembre de 2014

Como niños





“Cuando el silencio se instala dentro de una casa, es muy difícil hacerlo salir; cuanto más importante es una cosa, más parece que queremos callarla. Parece como si se tratara de una materia congelada, cada vez más dura y masiva: la vida continúa por debajo, sólo que no se la oye. Woroino estaba lleno de un silencio que parecía cada vez mayor y todo silencio está hecho de palabras que no se han dicho. Quizás por eso me hice músico. Era necesario que alguien expresara aquel silencio, que le arrebatara toda la tristeza que contenía para hacerlo cantar. Era preciso servirse para ello, no de palabras, siempre demasiado precisas para no ser crueles, sino simplemente de la música, porque la música no es indiscreta y cuando se lamenta no dice por qué. Se necesitaba una música especial, lenta, llena de largas reticencias y sin embargo verídica, adherida al silencio para acabar por meterse dentro de él. Esa música ha sido la mía. Ya ves que no soy más que un intérprete, me limito a traducir”, dice Alexis, un personaje de Marguerite Yourcenar. Cuenta que su infancia fue la idea de la quietud al borde de una gran inquietud que después será toda su vida.

Será porque la infancia no es la niñez, aunque la modernidad se empeñe en asimilarla como una etapa más del desarrollo, una edad cronológica delimitada, un momento definido de la vida. Con el transcurso de los años, se la transformó en una categoría viable para la psicología del desarrollo y el método didáctico, la pedagogía instructiva, la pediatría y la neurología. Aún hoy se desmenuzan sus componentes intelectuales, afectivos, psicosociales procurando definir su educabilidad y asignando coeficientes intelectuales, edades mentales, madurativas, retrasos. Como si fuera posible, los adultos intentamos cercarla y medirla. Persistimos en el control de eso desconocido que habita en cada uno de nosotros, esa infancia que no cesa  y que es quietud y silencio, pero también la osadía por hacernos hablar y simbolizar; aquello que pugna por decirse a lo largo de toda la vida y que potencia la inquietud de la palabra.  

Si la imagen del otro es una contradicción, es siendo en la infancia cuando construimos una imagen del encuentro con lo otro; cuando estamos dispuestos a dejarnos llevar y a transformarnos en una dirección siempre desconocida, algo así como un salto, un vuelo o un abismo. Cuando nombramos y vemos por primera vez el mundo, aunque pretendamos ser adultos, sabiondos y puntuales. 
-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Mario Mihalovics-

25 de septiembre de 2014

Lectores




Las Teorías Socio-Culturales conciben la lectura como un proceso cultural en relación con el acceso a la escritura. La práctica de la lectura posibilita no sólo una apropiación de la cultura escrita, sino también la construcción de la propia identidad del sujeto, su subjetividad. En “Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura”, Michéle Petit dice que siempre existe en la lectura un planteo que invita a leer y que ello deviene en apropiación de la lengua, en dominio. Señala que esa transformación está ligada a una cuestión de poder, ya que dominar no sólo implica hacerlo sobre las certezas, sino fundamentalmente sobre las dudas. En El papel de los mediadores da cuenta de un estudio etnográfico donde entrevista a jóvenes de quince a treinta años residentes en los barrios pobres de París para analizar cómo la lectura fue capaz de modificar radicalmente el destino de estas personas a partir la relación que entretejieron con diferentes mediadores de las bibliotecas públicas. La lectura puede ser reparadora, porque el relato mismo facilita la idea de unidad y continuidad. Petit sostiene que de un modo imprevisible, puede transformar las propias capacidades para experimentar las ambigüedades y la polisemia de la lengua. Y arriesga: los buenos lectores, en lugar de pretender el dominio sobre un texto, se dejan llevar por él.

-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Bill Carman- 

23 de septiembre de 2014

Decoro



El hombre miraba de reojo sus piernas, los muslos, la boca. La imaginaba desnuda, quejándose como lo hacía en el trabajo mientras él se desnudaba; mientras los pantalones quedaban arrugados sobre las baldosas. La pensaba de pie y boca abajo, como una estatua muda y blanca ofrendándole la lengua y las caderas. La miraba con asco, con el resentimiento de su propio fracaso. Después de todo, estaba loca. "A las mujeres hay que montarlas, que se vuelvan yeguas mansas" decía antes de dormirse; antes de tragarse las pastillas para el decoro.
-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Jaroslaw Datta-

Lágrimas



Ella colecciona lágrimas desde antes que la boca hablara; cuando su alimento era el pecho. Apenas nacida, su madre recogió la primera y la guardó en un frasquito. La mujer dice que el llanto de la infancia era suave y leve, algo parecido a las amapolas o un abrazo. Dice que se vuelve espeso con los años; que hace mucho que no llora, que no puede, que ahora calla. Dice que el silencio es como un parpadeo sin el ojo. Algo inmóvil, ciego, seco.  
-Texto y Fotografía, Daniela De Angelis-

Escondites

 

Lucía quiere jugar a las escondidas. Quiere hacerlo, pero está sola y el juego exige la presencia de alguien más. Quiere jugar a las escondidas y entonces no se rinde. Piensa un nombre y lo pronuncia; le imagina piernas ágiles y buen ojo para hallar los escondites. Toda la tarde juega Lucía a las escondidas con su amigo, aunque nunca gana en la carrera. Ya no quedan más lugares en la casa. Ambos conocen de memoria los recovecos de la alfombra, los placares, las alacenas, las canciones. Entonces Lucía desiste porque se aburre; porque se le antojan otros juegos y otros nombres mientras él se queda ahí, frente a la imagen de una playa, en esa fotografia donde ella está de espaldas y llora y sólo el mar puede esconderla.
-Texto, Daniela De Angelis-

20 de septiembre de 2014

Parpadeo


Es noche afuera en las calles y noche adentro en esa casa. Desde la ventana puede verse el parpadeo de las luces. Alguien, una silueta femenina, cierra los postigos. Antes, la música escapa como un pájaro. Es la hora del sueño en la ciudad, pero ella está despierta. La mujer se para frente al ventanal. Sus ojos tienen el color de la tierra mojada; la potestad del viento sobre las olas. En el vidrio, su dedo dibuja un círculo; un adiós o un para siempre. Algo así como la espera. O la vigilia.   
-Texto, Daniela De Angelis / Imagen,  Montserrat Gudiol-


19 de septiembre de 2014

Imposible


Tuve un amor que me quitó el aire
y la palabra 
Fue telaraña seca 
baba del diablo 
apenas borde 
frontera
Tuve un amor que escarbaba en la infancia
los olores de mi madre
la hora en que el padre muere solo
Tuve un amor que olvidó
las arcadas del mendigo 
en las puertas de la iglesia
el nombre de los muertos
la culpa 
Tuve un amor que me decía amor
mientras yo nacía
ciega 
tartamuda
imposible
como la luz vencida.

-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Santiago Carbonell-


18 de septiembre de 2014

Presentación



No tengo auto ni lavarropas automático. Tampoco facebook o twitter. No tengo perro a quien pasear cuando llego del trabajo. Ni anillo de casamiento. No tuve fiesta de quince ni noche de bodas. Nunca viajé en avión o barco. No tengo dólares ni campos. La casa está lejos, en una ciudad de puentes tristes. Cerca, donde vivo, hay un río marrón que me captura. A mi hijo le encanta su nombre. Dos gatos se recuestan junto a mí cuando leo. La infancia fue una hamaca, un cielo abierto, el paraíso. Los libros son mis viajes. De la lluvia, la ausencia de paraguas. El aire. Lo real. Todavía.
-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Will Barnet-

Mientras tanto



Casilda, situada a 50 kilómetros de Rosario. Llanura,  campos fértiles, riqueza, soja, pobres. La ruta nacional 33 parte al medio la ciudad. Las vías, también. Apenas visible, la marginalidad se concentra y acumula en las afueras, en la exclusión que es también territorial, cada vez más plural y abarcativa.

Mientras tanto, en la ciudad un cura vive como si fuera Papa. Un presbístero que, desde 1964 hasta 1983, se desempeñó como capellán en el Centro Clandestino de Detención,  en las dependencias del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario, conocida como la Unidad Regional II. En esa función, y según sus propias palabras, habría participado de las “misas, confesiones y entrevistas” con los detenidos y detenidas.  Ana Ferrari, una de las sobrevivientes, testimonió que cuando fue trasladada a la Alcaldía de mujeres -a escasos metros del Servicio de Informaciones- Zitelli les habló a las presas y les dijo que tenían que entender “que la tortura era un arma más de la guerra que estamos viviendo”. Jorge Raúl Villarreal, otro de los sobrevivientes, declaró que lo reconoció porque había sido quien dio el último adiós en el velorio de su padre.

Mientras tanto, en Casilda y gracias al apoyo del nuncio, goza de un retiro espiritual. Su presencia fue siempre requerida y aplaudida por los llamados buenos vecinos. Hasta hace unos años, ofició las misas; bendijo escuelas públicas; participó -junto a los funcionarios municipales y provinciales- de todos los actos. Como buen ciudadano y pastor del Señor, acudió a los velorios y bautizó; otorgó la extremaunción y actuaba como confesor en la única iglesia del lugar -el resto son parroquias-. Fue enérgicamente defendido por gran parte de la población. En 1995, ante las cámaras de un medio local, se victimizó y habló como los mansos de la biblia.

Mientras tanto, la mayor parte de la población permanece indiferente ante los delitos que se le imputan. Los menos, gracias a la Agrupación UMANO, sostuvieron y llevaron a cabo las denuncias sobre su accionar en los tiempos del terror. En julio de este año, la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario confirmó procesamientos por delitos de lesa humanidad que lo involucran en hechos de privación ilegítima de la libertad, mediando violencia y amenazas, y por integrar una asociación ilícita que ejecutó un plan sistemático, clandestino e ilegal de represión política.

El vaticano convirtió al presbítero Eugenio Zitelli en monseñor. Mientras tanto, en Casilda las hectáreas de soja y los pobres se multiplican. Como la ceguera y la hipocresía. 
-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Santiago Carbonell-