7 de septiembre de 2014

Nidos



La gente del pueblo asegura que Lucía miente y que inventa cosas; que no puede evitarlo; que se pasa todo el día imaginando historias que jamás sucedieron ni serán. Dicen que está loca; que vive en otro mundo; que ni el psicólogo pudo con su mente. Los domingos por la mañana Lucía piensa en un tren y el tren avanza entre los tilos de la avenida; trepa la medianera del vecino y se instala entre las fresias, en el centro del jardín hasta la hora de la siesta. Los jueves ella sabe que llegarán las gaviotas desde las costas del este y entonces desparrama migas de pan sobre la alfombra, entre las sábanas de su cuarto. Los pájaros giran alrededor de la lámpara; rozan sus alas contra las paredes y picotean las migajas hasta pasada la medianoche, cuando ella se duerme. Luego emigran hasta nuestra casa, donde mamá siempre los espera con su vestido de muselina, preciosa y callada como una muñeca.
-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Vladimir Clavijo-

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