11 de septiembre de 2014

Nombres





Para analizar el Nombre del Padre, en el Seminario La Identificación, Lacan discurre sobre el trazo unario, el jeroglífico, la marca y la letra. Dice que el nombre propio no representa al sujeto y que aquel que se agencia y alcanza una identificación plena en y con él, está omitiendo o negando que se trata de algo elegido o impuesto por Otro. Así, la categoría de propiedad queda siempre desplazada; constituye una mera ilusión. El nombre es impropio en tanto representa  un continente de sentido, deseo, goce y enigma de alguien que no es uno. 


En la literatura latinoamericana  los nombres pueden ser portadores de historia. Sucede con Rulfo, Asturias, Márquez y hasta con César Vallejo. En Pedro Páramo, por ejemplo, Juan Rulfo los dota  de una fuerza simbólica en la que Ser significa Ser para el Otro y, a través del Otro, para sí mismo.  Gabriel García Márquez dice que uno de los problemas esenciales para la adaptación al cine de esta novela es, justamente, el de los nombres. Y arriesga: "todo nombre se parece de algún modo a quien lo lleva, y eso es mucho más notable en la ficción que en la vida real. Lo único que se puede decir a ciencia cierta es que no hay nombres propios más propios que los de la gente de sus libros”.


Huraño a las entrevistas y a los ambientes intelectuales, dicen que fue Rulfo quien expresó que los nombres de sus personajes fueron inspirados en los muertos y en las tumbas de Jalisco. Los personajes de su novela eligen situarse en las frontreras, casi en el abismo, donde siempre hay un Otro que posibilita ver-se y refractar-se. Lo único que Pedro Páramo no usurpará es, precisamente, su nombre.


-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Mila Kucher-






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por esta travesía, Gracias.