15 de enero de 2015

El amor en los tiempos del cólera





Releía a Julia Kristeva cuando me encontré frente a uno de los relatos acerca del amor en el blog de Luis, Suspende el viaje. Entonces ya no hubo siesta ni quietud. Me pregunté de qué hablamos cuando hablamos de amor y qué cosa es el amor. Pensé en su connotación metafórica, en el juego de las identificaciones, la suspensión de la indivisibilidad y el riesgo. Si la prueba amorosa es una puesta a prueba del carácter unívoco del lenguaje, de su poder referencial y aún así permanecemos sujetos a la incertidumbre de su objeto, ¿hablamos de lo mismo cuando hablamos de amor?
El amor, asegura la psicoanalista, es incomunicable. Comparte la mirada que Barthes despliega en  Fragmentos de un discurso amoroso. Y arriesga: justo en el instante mismo en el que el sujeto se descubre intensamente verdadero, desmesudaramente subjetivo y éticamente dispuesto a ofrendarlo y hacerlo todo por un otro, surge la imposibilidad de su lenguaje, el cierre de su condición. Claro que hay excepciones medidadas por una terceridad, ya sea la religión, los ideales, la sacralización, pero eso -dice- forma parte de otro debate.

Y es que el amor es una suerte de cataclismo, una revolución, abismo de muerte y también de vida. Espacio dilatado e infinito, se erige sobre la temporalidad del futuro perfecto, puesto que hay la permanencia -aunque ambigua- del deseo o la decepción. Lo reinventamos cada vez, con cada amado a quien atribuimos la condición de único; lo forjamos en cada momento, edad y geografía. 
Lo cierto es que, en tiempos donde la vertiginosidad lo ha desterrado al espacio de lo inconfesable sacrificándolo en aras del placer, la evolución y toda suerte de construcción ideológica, la experiencia amorosa aún continúa ligando en nosotros el espacio de lo simbólico, lo real y lo imaginario. Porque a pesar de las cotizaciones, horóscopos y guerras, siempre habrá un enamorado que habla y dice

-Imagen, Pablo Picasso-

2 comentarios:

  1. Tu texto es una invitación a adentrarse en antiguos laberintos propios. Siempre me pregunté qué tanto del viejo amor perdura en el nuevo. O mejor dicho, qué tanto del anterior ser amado hacemos existir en el que lo sucede. Gracias Daniela por llevarme a otros lugares y momentos.

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  2. Tu lectura es un convite, una suerte de ofrenda. Gracias, Quienquiera Seas, por el rizoma. Desde este hic et nunc, la gratitud y la alegría.

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Por esta travesía, Gracias.