16 de mayo de 2015

Cielos -I-



Conocí a Pablo durante un verano. La primera vez que nos cruzamos fue en el bosque que rodeaba al pueblo y que años más tarde quedaría reducido a unos pocos árboles de troncos hachados. 
Pablo no hablaba como todos ni cualquiera. De su boca crecían peces amarillos, algas, tentáculos, puentes, caracolas. Solo en sus ojos pude advertir el asombro de los niños, la arenisca de todos los desiertos, el silencio de las montañas más altas. 
Por las noches nos abrazábamos desnudos, en silencio. Creíamos en los secretos que se esconden en las piedras y las nubes, en las cartas escritas con tinta, en las canciones donde los unicornios se pierden o se van. En el amor y su instante: la levedad de los cielos. 




4 comentarios:

  1. Creían muchas cosas antes de que la realidad mostrara su rostro en medio de los sueños habituales... Como siempre en la infancia/adolescencia/primerajuventud/adultez/madurez/muerte/resurrección/, etc.

    Saludos

    J.

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    1. Creían. Y quizás y maravillosamente, aún creen...
      Una y mil veces más, Gracias por tu paso, José!

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  2. Es tan necesario Creer para para poder Ver y Ver(se)...

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    1. Apelo al Querido Maestro que escribe y dice y (nos) pulsiona:

      "¡Y si después de tantas palabras,
      no sobrevive la palabra!
      ¡Si después de las alas de los pájaros,
      no sobrevive el pájaro parado!
      ¡Más valdría, en verdad,
      que se lo coman todo y acabemos!

      ¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
      ¡Levantarse del cielo hacia la tierra
      por sus propios desastres
      y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
      ¡Más valdría, francamente,
      que se lo coman todo y qué más da...!

      ¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
      no ya de eternidad,
      sino de esas cosas sencillas, como estar
      en la casa o ponerse a cavilar!
      ¡Y si luego encontramos,
      de buenas a primeras, que vivimos,
      a juzgar por la altura de los astros,
      por el peine y las manchas del pañuelo!
      ¡Más valdría, en verdad,
      que se lo coman todo, desde luego!

      Se dirá que tenemos
      en uno de los ojos mucha pena
      y también en el otro, mucha pena
      y en los dos, cuando miran, mucha pena...
      Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!"

      Mis Gracias, de alvéolo, de yantar y sin yeyuno; de instante redondo y deslumbramiento tinto; de gato lindero entre alguien y yo... De la posibilidad de Creer y Ver y Ser(me) desde el escándalo de miel de los crepúsculos...
      Daniela

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Por esta travesía, Gracias.