19 de junio de 2015

Ausencia


Vuelvo sobre mis pasos. Cuento hasta diez, cien. Me encuentro en el patio de la casa materna. Los jaulones siguen allí, intactos, vacíos. No hay pájaros ni limoneros. La sombra de mi padre me precede. En silencio camina hacia el galpón del fondo. Pronuncia un nombre. Está llamándome. Las manos le pesan tanto como la voz. Una niña lo abraza y canta, pero él y su sombra se disuelven. Alguien permanece de pie, llorando.

-Texto, Daniela De Angelis / Imagen, Selena Maestrini-

3 comentarios:

  1. La sombra se transforma en recuerdo y perdura...

    Suerte

    J.

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  2. Gracias, José. Tu comentario resuena y hace bien.
    Apalabrar siempre es bueno y necesario. Y ciertamente, hay aquello que perdura y restalla.
    Saludos!

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  3. Belíssima construção. Parabéns.

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Por esta travesía, Gracias.