17 de octubre de 2015

Baile



Cuando Lucía baila, el silencio se atraganta y hay la bulla. Frente a la ventana  se despoja de la ropa, los zapatos y rencores. Desnuda baila. En sus talones se enclava el cielo; el fondo negro de todos los mares y las cortinas sucias. Gira sobre sí; los hombros altos, el cuello interminable.  Baila y no vale palabra ni rezo ni conjuro. Huyen los gatos; se agazapan los pájaros y desgarran las jaulas como tigres. Descalza, indefensa, menuda: Lucía se parece a un guerrero o a una geisha. Y los cactus florecen mientras los peces mueren en alguna playa o en la bañera del vecino. Cuando baila, los demonios se disfrazan. 

-Texto, Daniela De Angelis - Fotografía, Josephine Cardin-

4 comentarios:

  1. Algunps dirán que entre un guerrero y una geisha hay una diferencia enorme, yo no lo creo así.

    Saludos

    J.

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    Respuestas
    1. Tampoco lo creo, José. En ambos, el goce, su espera, los rituales y el derrame.
      Mis Saludos y Mis Gracias por tu paso!

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  2. Tal vez la geisha y el guerrero sean dos caras de una moneda que jamás deja de girar. Andróginos que jamás llegan al Olimpo. Tal vez una sea el descanso del otro. Y viceversa.

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  3. O quizás, el hiato necesario para emprender otras guerras.

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Por esta travesía, Gracias.