22 de diciembre de 2015

Rebelión


Lucía siente que algo le pesa y que la piedra más terrible de todos los mundos está pendiendo sobre su cuerpo y su lengua. El castigo la agobia tanto como un ancla encarnada en el cuello y en las manos.  Sabe que el dolor seguirá latiendo, aunque no cree en la duración de los tormentos. Lucía sabe que no hay consuelo ni abrazo para aliviarla; que los demonios son plurales y que la risa es subversiva. Presiente que su osamenta se partirá y dejará marcas, pero baila y ríe de pie. 
Y Lucía se viste azul, porque también sabe que los conejos del Gaspar Ilóm y las flores que llueven sobre Macondo son del amarillo.

-Texto, Daniela De Angelis / Fotografía, Angélina Nové-

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