15 de marzo de 2016

HIC ET NUNC


Hay gente que pide ser entendida.
Los neuróticos, por ejemplo. 
Los que temen a las arañas, 
a los semáforos, 
al servicio meteorológico
 al amuleto que los guía y protege de todo mal
(como si la catástrofe o el azar se anunciaran previamente).
De ellos no es ni será el deseo. Ni la vida.
La soledad y el miedo los resguarda.
No hay riesgos si uno está sepultado bajo tierra 
(menos aún, en vida)
Los condenados abren la boca, 
tiemblan, orinan, eyaculan y suplican. 
Esperan algo.
Mi infancia fue el paraíso, el viaje a la semilla sin muerte ni resurrección.
Aprendí de los borrachos y los insurrectos, 
de los ahogados en cuyo gesto 
no hay dolor ni cicatriz. 
Sobreviví a todo escarmiento, 
a los abusos de los dedos que gozaban  
mientras yo sentía el miedo. 
La ley dice que la locura es inimputable. 
Digo que es  inconveniente.
Soy una más y nadie. 
Lo sé.
De maravillas sólo guardo la infancia
y las fábulas del Abuelo.
Ser la puta o la loca no es condena.  
Nadie reconoce a los locos 
en los psiquiátricos
excepto los guardianes. 
La ley subordina y aplaza
(la medicación es onerosa)
Los allegados, dioslosguarde, 
se refugian en la biblia 
o en otros asuntos. 
El miedo, dicen, preserva.
Lo que aniquila al hombre 
no es la propia muerte.